Retomamos los refranes. Este dicho hace referencia a la procesión
de la aurora, oficio religioso que consiste en un acto procesional
acompañado de cantos y plegarias que tiene lugar antes del amanecer, en
la aurora. El refrán se utiliza normalmente cuando dentro de un grupo, las
personas por falta de acuerdo o ideas opuestas, acaban peleándose unos
contra otros, llegando incluso a las manos.
Su origen viene de una historia acontecida en un pueblo gaditano
llamado Espera, y es realmente divertida. Se cuenta que el párroco del
pueblo, durante la procesión de la aurora, iba acompañado de algunos
monaguillos. En medio de la procesión, uno de los acólitos soltó una sonora
ventosidad, llegando a oídos de todos los asistentes y escandalizando al
cura. El muchacho intentó justificarse diciendo:
- Ha sido el cirio, que ha chisporroteado -
Pero para colmo del monaguillo, además del sonido también llegó el olor
de aquel escape a la nariz del sacristán, enfureciéndole de tal manera que
le asestó un buen puntapié en el trasero al muchacho, mientras decía:
- ¡Toma, farolero rapavelas, para que el que lleva el cirial se pea, y
luego diga que chisporrotea! -
Pero el monaguillo, lejos de acobardarse, se volvió y golpeó con el
cirial en la cabeza al párroco, que se protegió de la agresión usando la cruz
procesional. De esta manera, entre unos que apoyaban a uno y otros que
apoyaban al contrario, acabaron todos los allí presentes enzarzándose en una
tremenda pelea.
¡Hubiera sido digno de verse!
Hasta la próxima.
A SU MANERA
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A SU MANERA
Se hizo la luz, y no era la mañana.
De noche en derredor, pero radiante.
Cada retina mágico diamante
que mis propias retinas engalana.
Yo no ...
Hace 6 años

